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¡A reformar la OMC!

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Cabe celebrar y asumir en todos sus alcances lo que significa la participación de Chile en el grupo convocado por Canadá para plantear una reforma a la Organización Mundial de Comercio (OMC). Una docena de países han sido invitados por el gobierno canadiense tras la cumbre ministerial de la Ocde en París, en mayo pasado. Allí, luego que el presidente francés, Emmanuel Macron, llamara a hacer una “refundación del multilateralismo para el libre comercio”, tomó el tema en sus manos el ministro de comercio internacional de Canadá, François-Philippe Champagne. Su idea fue precisa: reunamos un grupo de países afines (like-minded) para hacer una propuesta conjunta.

Y allí estamos, junto a Australia, Brasil, Corea del Sur, Japón, Kenia, México, Nueva Zelandia, Noruega, Singapur, Suecia y la Unión Europea, además del organizador. La cita será en la tercera semana de octubre, en Quebec. Pero hay dos preguntas latentes: ¿Cómo nos vamos a preparar para elevar una voz sólida, surgida de una reflexión nacional sobre el tema? ¿Cuál es el alcance político que estamos dando, dentro de nuestra política exterior, al hecho de haber sido convocados para esta tarea?

Por una parte, tenemos los méritos de ser el país con más tratados de libre comercio a nivel mundial. Precisamente con Canadá fue el primero, suscrito hace más de veinte años. Y con esa estrategia nacional hemos construido una red de acceso preferencial en todos los continentes. Tenemos planteamientos concretos que hacer. La OMC debe retornar a ser un organismo de negociaciones para avanzar hacia el comercio libre. Nuestra Direcon lo tiene claro: frente al proteccionismo promovido por algunos, especialmente Estados Unidos, nuestra opción es respaldar el acceso libre a los mercados y un comercio fluído y creciente entre los países.

Comercio y soberanía es para nosotros una dualidad inseparable. Y allí es donde nuestra presencia en este grupo especial se torna un tema político. Junto a los preparativos técnicos que nuestros expertos y diplomáticos del área saben manejar, debemos agregar un espacio de análisis, de recolección de experiencias vividas por empresarios, exportadores y productores en la base que alguna vez sintieron cómo les colocaban barreras artificiales al acceso de sus productos. Si nos dijeran hay que integrar un grupo de países para hablar de derechos humanos estaríamos allí con contundencia y con el respaldo mayoritario del país. Si nos convocan a hablar del comercio necesario para el crecimiento y desarrollo social del mundo en el siglo XXI, debemos estar allí con el mismo respaldo. En otras palabras, la cita de octubre para nosotros no puede ser un tema técnico, sino político.

La OMC está paralizada. No está dando las respuestas adecuadas al devenir del comercio mundial desde que fuera creada en 1994. El mundo es otro y el escenario de la llamada guerra comercial domina la agenda y convoca a la transformación.

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