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Analistas 27/04/2021

Miedo económico

Carlos Ronderos
Consultor en Comercio y Negocios Internacionales

Normalmente, el comportamiento de los agentes económicos, sean estos consumidores, productores o inversionistas, está determinado por las expectativas, más que por las realidades del presente. Las preguntas que se formulan es si posponer un gasto o una inversión porque la perspectiva es incierta y cuando un número suficientemente grande de agentes toman decisiones en ese sentido, las expectativas de la crisis pueden llegar a profundizar la misma.

Otro elemento que debe considerarse concordante con el anterior es la expectativa política, porque en el discurso de los jugadores políticos se encuentra la política económica del futuro. Así, quien gane una contienda electoral puede determinar un cambio de rumbo radical en el quehacer económico y de allí que la expectativa sobre el comportamiento político es un factor determinante en ese temor que puede apodarse de los agentes económicos.

Estas dos consideraciones son de crucial importancia de cara al futuro cercano de nuestra nación. Existen factores reales y objetivos que han desatado la más grande crisis económica de los últimos 100 años y más allá del deseo, no es claro cuándo la pandemia, que ha ocasionado la crisis, permitirá una pronta recuperación. Se pensó que 2021 sería el año de la recuperación, pero ya en lo ocurrido del año hemos tenido dos nuevos picos que han obligado a cierres y cuarentenas que se convierten en un duro golpe a cualquier posibilidad de reanimación económica. La crisis en un país de medianos ingresos como Colombia ha dejado las arcas vacías como resultado de un intento por mantener a raya, sin el éxito deseado, la avalancha de pobreza asociada a las altas tasas de desempleo y a la quiebra de pequeños negocios.

Es en este escenario que se sucederán elecciones presidenciales y de Congreso en 2022 y de las expectativas políticas de los agentes económicos en este año que se avecina dependerá en gran medida si se podrán los niveles de inversión y consumo requeridos. El panorama no podría ser más complejo de cara a una estructura política fraccionada y radicalizada. Con posiciones económicas y visión de mediano y largo plazo, los partidos actúan frente a la coyuntura con apetito electoral como hemos visto frente al debate de una necesaria reforma fiscal. Si no hay plataformas económicas claras de partidos fuertes, la incertidumbre será mayor ya que el rumbo que decida el ganador será de la cosecha del caudillo ganador.

No hay duda que el país está polarizado y las últimas encuestas generan expectativas frente al futuro de la economía. Petro aparece ganador frente a cualquier candidato de centro o derecha y las posibilidades de un candidato fuerte que agrupe centro es cada vez más remota. Ello no sería preocupante si el país conociera la política económica con la cual el gobierno que se instale en 2023 va a manejar un país luchando para salir de la crisis, con una enorme deuda externa y un gran déficit fiscal. Y de Petro, que es de talante populista, solo conocemos las ofertas de gasto y la palabra subsidio. Eso, sin lugar a dudas, genera votos, pero puede causar daños de largo plazo a la economía.

Esa expectativa hará poco probable que se pueda recaudar los fondos necesarios para los próximos dos años en cualquier intento de esfuerzo fiscal porque, como dije al principio, la expectativa puede ahuyentar y atemorizar a los agentes económicos.