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Mediocridad

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Carlos Ronderos - cronderost@gmail.com

Transitamos en la mediocridad en la mayoría de lo campos de la vida nacional. En lo económico, en lo político y en el orden institucional. Navegamos en aguas tibias sin que existan posiciones claras, cuando paralelamente existe un enfrentamiento en torno a personalidades e intereses. Esa mediocridad parece satisfacer a las mayorías ya que da la tranquilidad de que nada radical va a pasar. Que todo seguirá siendo más o menos los mismo.

En lo económico tenemos un desempeño mediocre. No hemos logrado crecer a los niveles de Chile, pero admitamos, no caemos en las crisis de Argentina. Ahí vamos, como dicen songo sorongo, avanzando lentamente y mostrando las cifras para acomodar la verdad que queremos probar.

Que vamos divinamente porque en la última década nuestra tasa de crecimiento ha sido superior a la de Chile, lo cual es cierto, pero ello esconde el hecho que Chile según el Banco Mundial tiene un PIB per cápita de US$12.900, mientras que el de Colombia, según la misma fuente es US$6.600. Que crecemos por encima del promedio de América Latina, lo cual es también cierto, pero esconde el hecho que en esas cifras está el crecimiento negativo de Venezuela y Argentina.

La realidad es que nuestro ingreso per cápita está por debajo del de Argentina, México, Brasil, Perú, Costa Rica y Panamá y muy cercano al de Ecuador. Esa realidad no tiene justificación alguna, pero estamos orgullosos de crecer entre 2% y 3%. Así nunca saldremos de pobres.

Cuando se esgrimen estos argumentos siempre sale a la palestra el argumento del vaso medio lleno y medio vacío. Los optimistas acusan a los no tan optimistas de querer ver el vaso medio vacío, mientras los segundos hacen lo contrario. El problema que rehusamos ver es que siempre parecemos tener el vaso a medias. Nunca logramos que el vaso esté lleno o por menos de tres cuartos. Ahí estamos bien con el vaso medio lleno.

Lo que sucede en la economía sucede en otros campos de nuestra realidad. Sucede en la justicia. Tenemos todo el andamiaje de una justicia. Tenemos múltiples cortes, jueces, diversas jurisdicciones de las justicias, pero todos sabemos que eso no funciona tan bien. Aceptamos como máxima el dicho que afirma que “la justicia cojea, pero llega”, escondiendo con ello la mediocridad de la justicia que vive el colombiano medio. Hay justicia y procesos, pero los acusados salen por vencimiento de términos o alguna otra argucia. Hay lucha contra la corrupción, pero evitando llegar al fondo del problema y a sotto voce aceptamos como fórmula la que en el pasado proponía un ilustre expresidente de reducirla a sus justas proporciones. ¡¡Creemos derrotar la justicia bajándole el sueldo a los congresistas!!.

El la educación igualmente transitamos por la mediocridad. Mientras nuestras universidades en muy pocas ocasiones aparecen entre las mejores mundo, ni de la región los resultados de los exámenes de los jóvenes en las pruebas PISA que nos comparan con el resto del mundo siempre quedamos en los últimos puestos, pero seguimos creyendo que tenemos los mejores colegios y universidades del toda América Latina.

Pero si hay temas en lo económico, en la justicia y en la educación qué no podremos decir de la mediocridad de nuestra estructura política. Tenemos democracia a medias, tenemos partidos a medias y tenemos Congreso a medias. Pero mientras todo siga igual estamos contentos con esa mediocridad. Como diría cualquier compatriota; “avanzamos con nadadito de perro”, pero me temo que así nunca llegaremos a construir una sociedad rica, justa y equitativa.

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