ANALISTAS

Destino de Chile
martes, 3 de marzo de 2020

Más columnas de este autor Carlos Ronderos - cronderost@gmail.com

El próximo 25 de abril los chilenos acudirán a las urnas para determinar si quieren o no que se adopte una nueva constitución. Según distintas encuestas y sondeos los chilenos demandaran una nueva Carta Magna que reemplace las que le dejo la dictadura de Pinochet. En efecto las encuestas muestran casi 70% de la población ven en el cambio constitucional la salida a la crisis que enfrenta el país. Los votantes tendrán que determinar igualmente si quieren una constituyente conformada 50% por constituyentes elegidos por el voto popular y 50% por delegados del congreso, o un cuerpo conformado 100% como resultado del voto. Esta última opción parece ser la voluntad del electorado según las encuestas. Posterior a este plebiscito irán nuevamente a las urnas el 25 de octubre para elegir delegados a esa constitución y ahí empezara un proceso que puede extenderse un año.

Lo primero que salta a la mente en este proceso es la incertidumbre que genera no saber que va a pasar en el curso del año. ¿Cómo quedará conformado este nuevo cuerpo? ¿Qué tan radicales serán los cambio que se introduzcan? ¿Qué papel jugará “la institucionalidad” y que papel fuerzas radicales y populistas en el proceso? Será que la nueva constitución aplacara las aguas turbulentas o generará mayores frustraciones en la medida que una nueva constitución no es formula mágica que vaya a resolver los problemas que aquejan a la gente. Esa incertidumbre se refleja en la economía ha visto desacelerar su tasa de crecimiento y se espera que esta esté por los alrededores de 1% para este año.

¿Por qué un país que era considerado el “milagro latinoamericano” y el referente de todos de golpe se ve en esta situación? Los indicadores no podrían ser mejores; comparando cifras con aquellas del fin de la dictadura se observa que Chile redujo su pobreza a 8,6%, el ingreso de 10% más pobres creció 436%, el coeficiente de Gini se redujo de 5,5 a 4,5, e igualmente buenos son los indicadores de cobertura de servicios públicos, de acceso a educación primaria y secundario, mortalidad infantil y expectativa de vida. Con todo ello el debate se ha concentrado en tres puntos básicos: Pensiones; Salud y Educación.

El sistema de pensiones chileno de aportes a fondos privados fracaso. Se esperaba cuando se instauro el sistema que con un ahorro de 18% la gente podría al final de su vida laboral obtener pensiones equivalentes a 80% de su ingreso, sin embargo la primera generación de pensionados se han encontrado con la sorpresa de una pensión que escasamente llega a 30% de su ingreso. Por el lado de la salud la situación no es mejor. Solo 17% de la población de altos ingreso goza se un servicio (privado) de calidad, mientras que la privatización de la educación ha llevado a que esta este financiada en 70% por los hogares y agentes diferentes al estado.

Ahora bien la pregunta que cabe formularse es si para resolver estos problemas se requiere de una nueva constitución. Los colombianos nos preguntamos si la Constitución del 91, en un coyuntura aun más difícil que aquella de Chile, nos ha permitido construir una mejor sociedad o por el contrario el exceso de garantismo puede llevar a situaciones fiscales difíciles y a que los derechos ciudadanos opaquen las obligaciones.

Yo confió que el buen comportamiento de Chile durante los últimos 40 años, les de la solidez para salir de esta coyuntura como una sociedad fortalecida con más democracia y que atrás quede el fantasma de a dictadura.