.
Analistas 03/08/2021

Castillos en el aire

Carlos Ronderos
Consultor en Comercio y Negocios Internacionales

Promesas de un futuro lleno de rosas donde se acabe la pobreza y se alcance el ideal de una sociedad igualitaria son fáciles de hacer y desafortunadamente en América Latina estos cantos de sirenas motivan al sufragio a miles de ciudadanos que no encuentran salida a su pobreza a su desempleo y a su frustración. Un continente relegado en educación, con pobre formación política, sin partidos consolidados y debilidad institucional es terreno fértil para promesas efímeras que a la larga acaban en mayores frustraciones.

Tenemos amplias evidencias de esa creciente tendencia. La presidencia de Fernández en Argentina, la presidencia de Luís Arce, pupilo de Evo Morales en Bolivia, el voto finish en Ecuador en el cual se pensó en un nuevo triunfo de Correa con su delfín Andrés Arauz, la reciente elección de Castillo en Perú, para no hablar de las dictaduras ya consolidadas de Maduro en Venezuela y de Daniel Ortega en Nicaragua. Y es que esa tendencia no es nueva ya que América Latina ha sido terreno fértil para el populismo de izquierda y de derecha que ya han vivido argentinos, chilenos y peruanos, brasileros y muchos otros a lo largo del siglo XX. El gran enigma es que pese al fracaso económico y/o social tanto de los unos como de los otros la fórmula tiende a ser recurrente.

Llegan llenos de promesa de estabilidad que no se cumplen. En 2004 el periódico La Nación registraba que “El presidente, Hugo Chávez, llamó ayer a no temer a lo que ha llamado una nueva etapa de su “revolución” al asegurar que respetará los derechos, las propiedades y las riquezas privadas”. Daniel Ortega, quien llegó al poder en 2007 para su segundo mandato mediante el voto popular con la promesa de cumplir la Constitución, pasó, en 2014, una reforma constitucional que le permite la relección indefinida y convertirse en un dictador de facto.

En 2003 en su discurso de posesión como presidente Néstor Kirchner afirmaba que “No habrá cambio confiable si permitimos la subsistencia de ámbitos de impunidad. Una garantía de que la lucha contra la corrupción y la impunidad será implacable….”. De todos son conocidos los procesos judiciales por corrupción durante su mandato y el de su señora esposa así como la impunidad. Las promesas populistas anticipan el engaño.

Ese es el caso también del reciente posesionado Pedro Castillo que días antes de tomar el cargo afirmó; “No somos chavistas, no somos comunistas, nadie ha venido a desestabilizar este país”. Y añadió: “Hoy es el momento de la gran unidad del pueblo peruano”, sin embargo, amores son hechos y no buenas razones. Un vistazo rápido a su gabinete indicaría lo contrario. Su jefe de gabinete Guido Bellindo del partido Perú Libre así como el ministro de gobierno Castillo Terrones están vinculados a procesos por delitos asociados al terrorismo. El canciller Héctor Bejar fue un antiguo militante del Partido Comunista Peruano, mientras que el ministro de Economía y Finanzas, Pedro Francke, que viene de una izquierda más moderada anunció control de precios, una política de intervencionismo poco aconsejable. Los otros ministros son de la misma línea todo lo cual parece indicar que su llamado a la unidad nacional se quedó también en promesas lo que no deja de ser grave en un país fracturado y con un margen de victoria bastante estrecho.

La pregunta que los colombianos debemos hacernos es si por estos lares también estaremos dispuestos a construir Castillos en el aire.