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#No a la indiferencia

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Carlos Ballesteros Gerente de Bike House

Este confuso momento que vive la humanidad plantea el eterno reto de la solidaridad.

A algunos, como en mi caso, la pandemia generada por el coronavirus, nos coge en casa, bajo el abrigo de la familia y con despensas preparadas para afrontar los difíciles días por venir.

Para este grupo de personas del que hago parte, cambia la rutina de trabajo, se afrontan menos horas de estrés, a la vez que se disfruta de más “calidad de vida”. Se puede tener más cerca a los seres queridos, en tanto que la existencia se encarga de enseñar el verdadero valor del tiempo.

Muchos como yo contamos con la fortuna de poder irnos a casa y que nuestro descanso obligado sea remunerado. Pero del otro lado de la acera de la vida, hay millones de personas que deambulan por las calles, con trabajos informales que le s permiten llevar el sustento diario a sus humildes hogares.

De los contados pesos que recogen con sus trabajos, de las pocas compras que les hacemos, de grano en grano, pueden sobrevivir en medio de las complejidades del día a día.

Si somos seres iguales, que sentimos frío, hambre, dolor y angustia ¿Cómo se podrá ayudar a tantas personas que viven o laboran en las calles en medio de la informalidad, si otros tantos vamos a estar confinados en nuestras residencias?

Por favor, reflexionemos, la solución no solo está en darles seguridad a nuestras familias. Debemos proteger también la vida y mitigar las necesidades básicas de niños, ancianos y padres desesperados que abundan en las vías del país.

Hoy, frente a los duros momentos por venir, debemos recordar más que nunca los valores tradicionales de nuestros ancestros, quienes poco tenían y todo lo compartían. Valores como la caridad, el amor al prójimo, la solidaridad, la generosidad y la bondad son indispensables en esta crisis que ya está aquí. Compartamos hoy más que nunca el pan que hay en nuestras mesas con las personas necesitadas. Hagámoslo en compañía de nuestros hijos para enseñarles a construir un mundo mejor y elevarles su nivel de conciencia.

Más que un coronavirus, lo que afrontamos es la realidad de una recesión económica que irá por todo el mundo; que destruirá millones de empleos, con el cálculo de 25 millones de personas que quedarán cesantes y sus familias pendiendo de un hilo. Esto generará mayor desequilibrio y más pobreza.

De no haber una conciencia colectiva y actos de solidaridad con la gente, el planeta podría entrar no en una recesión económica, sino en una recesión de valores y principios, con sus nuevas consecuencias de una pandemia de miseria, la que derivaría en el caos social.

Hoy se ha detenido el capitalismo con su desmedido afán, para que en cada una de nuestras mentes tengamos una verdadera reflexión de vida. La tierra necesita un descanso, requiere un silencio para volver al equilibrio y armonía, pero de nada servirá si sus habitantes no cambiamos y comenzamos a compartir en comunidad, sintiendo como propios lo que les sucede a nuestros congéneres más necesitados.

Pongámonos cada uno la capa de súper héroes y salgamos a salvar el mundo de los más urgidos. No es el virus el que está amenazando el mundo, es nuestra indiferencia ante el prójimo. Por eso #no a la indiferencia.

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