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No cambiemos un mal muy malo, por otro peor

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Anif

*Con la colaboración de Mauricio Santa María S. presidente de Anif,  Carlos Felipe Prada L. y  Ekaterina Cuéllar K.

En los últimos dos días, el país ha venido debatiendo sobre la idea que la economía debe “apagarse” por lo menos tres meses para contener la infección del SARS-Cov2. En Anif no estamos de acuerdo. No se trata de una dicotomía entre economía y salud. Por supuesto que se debe proteger la vida, de hecho, hemos apoyado públicamente el aislamiento obligatorio, pero, también debemos cuidar la actividad económica porque, de lo contrario, una vez superemos la epidemia, porque lo haremos, los problemas serán otros, con consecuencias profundas en el bienestar de los colombianos.

Proteger la economía es proteger el ingreso de trabajadores
Extender mucho más el aislamiento obligatorio, por ejemplo, en tres meses, sería una medida inefectiva que tendría efectos en toda la economía. En efecto, ya se están teniendo impactos desfavorables sobre: (i) comercio, con solo cerca de 10% de los establecimientos en operación; (ii) turismo, reduciéndose las tasas de ocupación hotelera a solo 5% frente al promedio de 55%; (iii) esparcimiento-entretenimiento, estimándose pérdidas por $80.000 millones por cada mes de cuarentena en las actividades relacionadas con atracciones y parques de diversión; y (iv) transporte, con la suspensión de todos los vuelos nacionales de pasajeros hasta mediados de abril y reducciones de al menos 50% en los servicios de taxi.

Bajo este panorama, Anif proyecta un crecimiento del PIB en el rango 1,8% y 2% para 2020, lo que estará sujeto a la duración del “frenazo económico”, esperando alguna recuperación en la segunda mitad del año. En caso de persistir la crisis de salud pública y prolongarse el aislamiento por mucho más tiempo, el escenario macroeconómico podría ser más complejo, con una desaceleración hacia el rango 0,5% y 1%.

Incluso, los mismos prestadores de servicios de salud, cuando deberían ser los más protegidos, también están enfrentando problemas económicos, debido a que se están quedando sin liquidez porque muchos procedimientos se han suspendido. En ese caso, el país tendría un problema más grave después de la pandemia: un sistema de salud golpeado y sin mucha capacidad de respuesta.

Proteger la economía no significa cuidar de las utilidades de las empresas, como algunos piensan. Cuidar la economía es mantener el ingreso de la gente pobre que no tiene cómo comer y que pierde su empleo y de las empresas que no pueden operar su negocio, que pierden sus ingresos y les toca prescindir de sus empleados. Disminuir indefinidamente el ingreso disponible de los hogares es pasar de un mal muy malo, como el SARS-Cov2, a otro peor, el aumento del hambre y la pobreza.

Es una situación donde todos perdemos, especialmente los más pobres e informales, que en Colombia son la mitad de la población ocupada. La reactivación del empleo es una tarea primordial y, más ahora, teniendo en cuenta los malos resultados del mercado laboral que divulgó el Dane, con aumentos en la tasa de desempleo hacia 12,2% en febrero frente a 11,8% un año atrás. Recordemos que estas cifras aún no reflejan los efectos negativos del “frenazo” del SARS-Cov2.

Adicionalmente, un prolongado aislamiento, tiene repercusiones en temas de salud pública, como el incremento del abuso de niños, problemas de salud mental y violencia intrafamiliar. En efecto, algunas cifras preliminares de la Secretaría Distrital de Salud muestran que la violencia al interior de los hogares se ha disparado en la cuarentena.

En ese innecesario debate, muchas personas parecieran dejar de lado la premisa que los recursos públicos son finitos. Algunas propuestas surgieron en el sentido que se deberían cubrir todos los subsidios que fueran necesarios, incluso si el aislamiento se extiende por tres meses (en el caso de Bogotá, por ejemplo, significaría destinar cerca del 5% del presupuesto anual solo al componente de transferencias a los hogares vulnerables). Si se están cambiando las fechas para el pago de impuestos y de servicios públicos, cabe preguntarse ¿cuál sería la fuente financiera?

El aislamiento es efectivo para preparar el sistema de salud
En Anif hemos apoyado el aislamiento preventivo porque es una medida útil y, además, está respaldada por epidemiólogos y economistas. Pero, es importante decir que, hay cierta creencia que el aislamiento evita los contagios y las muertes, pero no es así, los aplaza. Lo único que evita los contagios es: (i) una vacuna (que no estará disponible, según los expertos, sino hasta dentro de 16-18 meses) o (ii) la inmunidad; que ya se contagiaron y se recuperan. Nada más sirve.

Debemos encontrar un punto intermedio para contener el virus sin cerrar la economía por un período prolongado y por eso el aislamiento se debe ver como una estrategia que cumple con dos objetivos principales:

I. Evitar que el sistema de salud colapse, esparciendo los casos de contagio en el tiempo.

II. Aprovechar este tiempo para preparar el sistema. Esto es avanzar en cinco pilares:

(i) Adquisición de la mayor cantidad de pruebas de diagnóstico. Dentro de las medidas de liquidez se deben reservar recursos para que el Ministerio de Salud compre la mayor cantidad de pruebas. Por su parte, el sector privado hizo donaciones para robustecer la capacidad.

(ii) Adecuar la prestación del servicio. Muchas entidades del sector público y privado están coordinando esfuerzos para ampliar el número de UCI.

(ii) Adquirir y/o fabricar más ventiladores. La oferta está reducida y, por eso, es necesario que universidades e instituciones den soluciones innovadoras.

(iv) Equipos de protección para los profesionales de la salud.

(v) Liquidez para que hospitales y clínicas tengan recursos para el virus y otras patologías.

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