Ayer el Dane reveló las cifras de producción industrial y comercio minorista correspondientes a mayo de 2020. Los resultados, como era de esperarse, fueron bastante negativos, aunque mostraron una pequeña mejora con relación a abril por la habilitación de algunos sub-sectores industriales y de la construcción para que operaran a partir de mayo. Uno de los puntos importantes de las cifras que nos presentó el Dane fueron las severas diferencias regionales que se observaron. Lamentablemente, entre las principales ciudades o departamentos, Bogotá se destacó por sus marcados resultados negativos, lo cual es preocupante por su importancia dentro de la economía nacional (cercana a una participación de 25% en el PIB). De igual manera, se conoció que el país llegó a 173.206 contagios y 6.029 muertes por SARS-CoV-2. En estos indicadores, desafortunadamente, Bogotá también se ubica entre las peores posiciones a nivel nacional, al lado de otras ciudades grandes que presentaron comportamientos bastante negativos, especialmente en la costa Caribe.

Todo lo anterior es preocupante porque, de acuerdo con la evolución del virus, desde hace unos días, el país empezó su aceleración hacia el pico de contagio y nuevamente algunas autoridades locales consideran, como única estrategia, la opción “fácil” de cerrar sus municipios si los casos continúan creciendo. Si bien es claro que la situación de salud pública es difícil y que, además, tomar decisiones en un ambiente de tanta incertidumbre lo es aún más, este es el momento para explorar otras alternativas que no impliquen una pérdida de bienestar tan monumental para los hogares, las personas y las empresas. Recordemos que, a junio, Anif estima que los hogares han perdido más de $12 billones en ingresos laborales. Esta es una cifra muy grande y sin antecedentes para un período tan corto en Colombia. Adicionalmente, es claro que sabíamos que este momento llegaría y que el primer aislamiento estricto entre marzo y mayo tenía como objetivo preparar el sistema de salud para el pico de la enfermedad (que de todas formas llegaría). Por eso, cabe entonces preguntarse: ¿Por qué considerar cómo única estrategia un nuevo aislamiento? ¿Cuál fue el esfuerzo y la inversión de las autoridades locales para aumentar la capacidad instalada del sistema de salud, especialmente en UCI? ¿Tienen claro los gobernantes que el “cierre estricto” tiene efectos severos en la economía, el empleo, los ingresos y el bienestar?

Teniendo en cuenta estos interrogantes, el propósito de este Comentario Económico es hacer un balance regional actualizado de la evolución del virus (contagios y muertes), la preparación del sistema de salud (medida como el esfuerzo propio de cada entidad territorial en la adquisición de ventiladores) y el costo económico de cada región (basado en los recientes resultados de producción industrial y ventas del comercio minorista). Esos indicadores en su conjunto reflejan, directa o indirectamente, la gestión de las administraciones locales y el costo que han asumido los ciudadanos (empresas, hogares o personas).

Contagios y Muertes

Pasados cuatro meses desde el inicio del aislamiento preventivo, las cifras oficiales indican que Barranquilla (15.499 contagios por millón), Cartagena (10.880) y Bogotá (6.861) sobresalen dentro de las ciudades con mayor número de contagios respecto al promedio nacional, que es de 5.138 contagiados por millón de habitantes. Cabe anotar que este promedio incluye solo las 32 ciudades capitales, al considerar todo el territorio, el promedio es de 3.403 contagiados por millón. Este grupo de ciudades con altos contagios lo complementan Leticia (el dato más alto del país con 46.464), Quibdó (13.721) y Sincelejo (7.358). Sin embargo, esas ciudades no alcanzan a tener 300.000 habitantes sumadas (de hecho, en parte por eso su tasa de contagios es tan alta).

Por otro lado, 26 de las 32 ciudades presentan un número de contagios menor al promedio muestral. En ese grupo se destacan capitales importantes como Cali (5.056), Medellín (2.210) y Bucaramanga (640), las cuales muestran resultados muy lejos de Bogotá, Barranquilla y Cartagena. Cabe resaltar que, recientemente, Cali desaceleró su curva de contagios con respecto a las mediciones realizadas a finales de junio (ver Comentario Económico del Día 3 de julio de 2020).

En cuanto a las muertes (por millón de habitantes), se presentan los resultados para las mismas ciudades. Se destaca que Leticia es la ciudad con el valor más elevado (1.970), seguida por Barranquilla (915), Sincelejo (493), Quibdó (405), Cartagena (379), Montería (224) y Cali (173). Si bien Bogotá (157) no se encuentra en ese grupo, sí está ubicado casi en el promedio de la muestra (169, al incluir solo las 32 ciudades capitales), lo cual preocupa teniendo en cuenta que la capacidad instalada de las UCI está por encima del 89%. Cabe anotar que el promedio de muertes de todo el territorio nacional es de 118 por millón.

En contraste, se destacan los resultados observados en Medellín (28), Pereira (23), Villavicencio (20), Bucaramanga (15) y Manizales (4), niveles sorprendentemente inferiores. Ciudades pequeñas que no presentan muertes son Arauca, Mitú, Puerto Carreño, San Andrés y San José del Guaviare.

Esfuerzo de las Entidades Territoriales para incrementar la capacidad instalada del Sistema de Salud

Teniendo en cuenta que uno de los principales propósitos de la primera etapa del aislamiento era aplazar el pico de la enfermedad y usar ese tiempo para preparar el sistema de salud, en particular con el aumento de capacidad instalada de ventiladores y UCI.

Los esfuerzos varían considerablemente entre entidades territoriales. Por un lado, la gobernación del Valle del Cauca presenta el mayor número de ventiladores adquiridos con recursos propios (300). Le siguieron Cundinamarca (152), Antioquia (130), Córdoba (107) y Huila (100) que, respecto al promedio, han logrado adquirir un número alto de ventiladores. Casos muy distintos a los de Bogotá (73) y Barranquilla (37) que, a pesar de ser de las ciudades con mayor número de contagios, no han concretado esfuerzos propios suficientes para la adquisición de un mayor número de ventiladores. De hecho, el 15 de julio, Cundinamarca, una entidad territorial con recursos muy inferiores a los de Bogotá, anunció que permitiría que la capital utilizara cerca de 69 UCI del departamento, dada la compleja situación que enfrenta la ciudad.

Desconcierta el bajo esfuerzo de la administración de Bogotá en términos de adquisición de ventiladores, en comparación con departamentos como Antioquia, que a la fecha logró, con recursos propios y del sector privado, multiplicar por 2.4 el número de camas UCI. Adicional a eso, resultan paradójicos los resultados en la medida en que Bogotá no solo concentra la mayor población a nivel nacional, sino que además cuenta con mayores recursos fiscales y un mayor número de camas adaptables a las funciones de una UCI.  Esto demuestra que Bogotá descargó la mayoría de la responsabilidad en el Gobierno Nacional y, si no hubiera sido por el aporte del sector privado, el cambio en el número de UCI no habría sido sustancial. El aporte del Gobierno Nacional a la fecha ha sido de 300 ventiladores. Este es un punto fundamental ya que este retraso es el que, precisamente, hace que se piense de nuevo en encierros generalizados, con los altísimos costos económicos y en bienestar que los acompañan.

Impacto económico

Como es de conocimiento general, los costos de la pandemia y los asociados al aislamiento se reflejan en los indicadores líderes de la economía. En esta ocasión utilizamos los datos de producción industrial y ventas de comercio minorista con corte a mayo de 2020, para mostrar cuáles fueron las diferencias regionales en ese impacto, teniendo en cuenta que la velocidad de apertura de los sectores ha sido muy distinta entre las principales ciudades capitales, debido a las decisiones de las autoridades locales, tal y como lo ordenó el Gobierno Nacional.

Así las cosas, a nivel nacional, la producción industrial cayó 26.2% en mayo de 2020, comparado con el mismo mes de 2019 (nótese que esto equivale a una pérdida cercana a los $35 billones). Las menores contracciones se registraron en Cauca (7.9% anual), Córdoba (8.4%), Barranquilla (12.3%), Cali (17.1%) y Tolima (20.9%). Por su parte, Bogotá tuvo una de las mayores caídas (32.9%, equivalente a la no despreciable cifra de $13 billones). Otras ciudades grandes, como Manizales (35%), Medellín (31.2%), Cartagena (29.5%) y Pereira (27.3%) también registraron caídas importantes y, en todo caso, más marcadas que el promedio nacional.

En cuanto al desempeño reciente de las ventas del comercio al por menor, uno de los sectores que más empleo no calificado genera (3.4 millones de empleos en total) y, por lo tanto, con mayor impacto en las pérdidas de ingreso de los hogares, que mostró una caída del 23.8% anual en mayo de 2020. Como se puede ver, el único resultado positivo se registró en Cundinamarca (2.6% anual). En contraste, en Bogotá las ventas se contrajeron 26%, uno de los peores resultados entre las principales ciudades, que al tener en cuenta la cifra de la industria manufacturera indica que el costo económico ha sido excesivamente elevado y tendrá impactos negativos en la generación de ingresos laborales de los hogares, la pobreza y la desigualdad, de difícil recuperación. Por su parte, Atlántico (23.4%) y Antioquia (22.7%) mostraron caídas menos profundas frente al promedio nacional.

Conclusión

Los últimos resultados de contagios y muertes, a nivel regional, muestran que la epidemia no se comporta igual en todas las ciudades del país. Entre las principales ciudades, Barranquilla, Cartagena y Bogotá tienen las mayores incidencias (por millón de habitantes). Adicionalmente, pudimos ver que el impacto económico del aislamiento como única estrategia para enfrentar la propagación del virus tiene unos severos efectos negativos en los principales indicadores económicos. Sobre estos hechos, Bogotá se destaca, entre las principales ciudades, por tener altos índices de muertes y elevados costos económicos.

En ese sentido, la principal conclusión de este pequeño documento, que utiliza datos oficiales tanto de indicadores clave de la economía como de la emergencia de salud, es que Bogotá y Cartagena son las únicas ciudades grandes (con peso importante en la población y en el PIB) que muestran resultados desfavorables en los dos aspectos (aunque en mortalidad Bogotá está ligeramente mejor). Es decir, son ciudades que han pagado un costo económico excesivo (superior al promedio nacional) que, desafortunadamente, no se ha reflejado en mejores resultados en cuanto a la contención del virus. Barranquilla también muestra desenlaces negativos en materia de salud, pero con unos impactos económicos significativamente menores. Este resultado no es del todo sorpresivo ya que la administración de Bogotá es la que más ha demorado en abrir sectores como la industria manufacturera, la construcción y los servicios, al mismo tiempo que envía mensajes contradictorios que aumentan la incertidumbre entre empresarios y trabajadores. Sin embargo, sí es un resultado muy preocupante por la importancia de Bogotá para la economía y el empleo de los colombianos.

De otra parte, sorprende mucho el poco avance de la capital en la mejora de las capacidades del sistema de salud, debido a que únicamente aumentó la capacidad en 73 ventiladores, a diferencia de lo observado en departamentos como el Valle del Cauca, Cundinamarca y Antioquia, que invirtieron importantes recursos propios. Al revisar las cifras oficiales, todo indica que la Administración Distrital optó por dedicar sus esfuerzos a las trasferencias monetarias y descargar la mayor parte de la ampliación de la capacidad instalada del Sistema de Salud en el Gobierno Nacional y el sector privado.

De este análisis se desprenden aspectos muy relevantes para la formulación de políticas en el futuro cercano. Primero, es claro que cuarentenas más severas no han garantizado mejores resultados en salud, pero sí han implicado un costo bastante más alto. Así las cosas, hacia futuro es recomendable evitar cuarentenas generalizadas, reemplazándolas por otras estrategias que pueden incluir (i) aislamiento y seguimiento constante de casos positivos, sospechosos y sus contactos (sin embargo, esto requiere mayor capacidad de “testeo” que la actual); (ii) cuarentenas sectorizadas y seguimiento constante a las localidades más problemáticas; y (iii) mayor difusión de la importancia de medidas de higiene, uso de tapabocas y evitar todo tipo de aglomeraciones en espacios cerrados. Segundo, creemos que es prudente seguir avanzando con una apertura gradual y muy cuidadosa de la economía. No es positivo que sectores y empresas formales que estaban empezando a abrir, con inversiones cuantiosas para cumplir los protocolos de salud, sean obligadas a cerrar nuevamente, ya que estas pérdidas se acumulan, se genera mayor incertidumbre y se hace casi que imposible la reapertura por segunda vez. Finalmente, desde ANIF consideramos que los mensajes contradictorios, aquellos que generan pánico y la falta de información detallada no han contribuido en nada a solucionar los problemas de salud, o los de la economía. De hecho, han hecho mucho daño al aumentar la incertidumbre de la población, que ya es muy alta, en cuanto a sus ingresos, su empleo y su salud.