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Falsos Positivos

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Andrés Otero Leongómez Consultor en Investigaciones e Inteligencia Corporativa

Empezó el año con una nueva denuncia sobre la verdadera razón de la salida del General Nicacio Martínez por su presunta participación en un nuevo caso de chuzadas. Viendo de donde surge la nota, me preocupa que estemos frente a otro caso de ‘falso positivo’ - pero mediático, producto de una estrategia orquestada desde La Habana o de una guerra interna dentro de la institución.
Independientemente de la gravedad de los hechos, las investigaciones en curso y la discusión de si el gobierno sabía o no sabía, mi pregunta es… ¿a quién beneficia el desprestigio de nuestros militares y policías?

Durante el proceso de paz, los miembros de las Farc y el habilidoso Enrique Santiago sabían que, para remontar el marcador, tenían que convencer a los ‘amigos de la paz’ de que las Fuerzas Armadas eran un actor del conflicto. Como si las FF.AA. no representaran a la sociedad. Dentro de sus victorias tempranas, estuvo enfocar el escrutinio en derechos humanos en las ejecuciones extrajudiciales, el fenómeno del paramilitarismo y la fumigación de cultivos ilícitos. Desmontar la justicia penal militar e incluir a los militares en la JEP. Lograr que medios de comunicación, ONG’s de derechos humanos, líderes sociales y activistas de izquierda tomaran partido a su favor y se olvidaran de los secuestros masivos, el reclutamiento de menores, la violación de mujeres y abortos forzados dentro de las filas. De los atentados terroristas, la voladura de oleoductos, los campos de concentración donde enjaulaban a los secuestrados, las tomas a poblaciones con tanquetas de gas, los collares y burros bomba, y las demás barbaridades que vivimos a finales de los 90’s y comienzos de 2000.

Golazos.
Otros ganadores serían los narcos, el ELN, las disidencias de las FARC, la delincuencia organizada y el régimen de Maduro, que gozan de ver un aparato estatal cuestionado.

No desconozco que dentro de la institución existen divisiones internas dentro del mando que buscan desprestigiar a la cúpula de turno, o traidores que cometen abusos sistematizados o se benefician personalmente de la corrupción en el gasto militar, o quienes utilizan las herramientas del Estado al servicio de agendas mezquinas. Pero me niego a creer que esto sea producto de una política impartida por el presidente Duque. O peor aun, que a sus espaldas tengamos una cúpula militar que ha perdido el rumbo y no está a la altura del momento histórico que vive Colombia y no entienda -que hoy más que nunca- sus actuaciones están bajo la lupa.

Me preocupa que nuestro aparato de inteligencia, aquel que liberó al hijo de Clara Rojas y ejecutó la Operación Jaque, hoy este desencuadernado y que a su interior existan idiotas útiles dispuestos a acabar con el prestigio ganado a partir del sacrificio de miles de uniformados que ofrendaron sus vidas sin interés distinto que el gran honor de servir a la patria.

El Comandante en Jefe y su cúpula tiene que recuperar el rumbo y devolverle el sentido de propósito a nuestra fuerza. Asegurar que su misión esté encaminada en acabar con el narcotráfico, las disidencias y grupos de delincuencia organizada, la minería ilegal, el asesinato selectivo de lideres sociales y desmovilizados, y las muchas otras amenazas que enfrenta nuestro pueblo a diario.

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