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Carga de la prueba

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Andrés Otero Leongómez Consultor en Investigaciones e Inteligencia Corporativa

Si la Corte Suprema tuvo la convicción de llamar al expresidente Álvaro Uribe a indagatoria como si fuese un delincuente, espero tenga las pruebas para acusarlo y condenarlo por los delitos que se le endilgan, sin dejar duda razonable alguna.

La izquierda internacional y sus cajas de resonancia -incluyendo varios periodistas obsesionados con él- consideran que el expresidente ha sido el mayor violador de derechos humanos de la historia reciente del país. Padre del paramilitarismo; autor intelectual de los falsos positivos; provocador de bombardeos en la frontera para suscitar guerras; magnicida de líderes sociales y sindicalistas; censurador de prensa y silenciador de la libertad de opinión; ‘chuzador’ de sus oponentes políticos; manipulador de testigos; socio de narcos; y responsable de todos los males.

Si lo anterior es verdad, el acerbo probatorio que debe reposar en la Corte debe ser interminable y contundente, y las filtraciones son solo la punta del iceberg.

Conversaciones y grabaciones; transacciones y cheques; contribuciones a sus campañas; cuentas en paraísos fiscales; minutas de sociedades y escrituras públicas; informes de agencias de inteligencia internacionales; fotografías satelitales; miles de horas de testimonios de presos y testigos en cortes americanas; relatos de familiares de víctimas o informantes en las zonas; correos electrónicos, mensajes de Whatsapp y un sinnúmero de datos electrónicos del dark-web o deep-web; manifiestos de importación de armamento y uniformes; etc.

En fin, la lista de pruebas debe ser extensa, producto de más de 30 años de investigaciones en su contra. Pero si lo único que hay son lo señalamientos de los Cepedas y Robledos, las miles de columnas del Cartel de la Pluma, y el testimonio de algunos falsos testigos, mercachifles o paramilitares convertidos a santos, -apague y vámonos.

No creo que Uribe sea el Mesías o la Madre Teresa de Calcuta y que todo en país tenga que girar alrededor suyo. Fue un gran líder, que le tocó gobernar a Colombia en uno de los momentos más difíciles de nuestra historia y tomar las decisiones que nadie más se atrevía a tomar.

Para los que sufren de amnesia selectiva, cuando recibió el poder se registraban más de 3.300 secuestros al año, pescas milagrosas, ataques y tomas a poblaciones. Medellín era la capital mundial del crimen. El narcotráfico había mutado y se camuflaba de guerrilla o paramilitarismo, viviendo una guerra sin cuartel por el control del negocio. Salíamos de la mayor crisis financiera, y aún quedaba el tufillo de ‘Estado fallido’ de mediados de los noventas.

Como buen líder en guerra, le tocó decidir entre la mala y la peor. Ya se había demostrado que con estos grupos no valía ningún gesto de paz ni constituyentes o zonas desmilitarizadas. Mantuvo las políticas de fortalecimiento institucional que venían del gobierno Pastrana y con trabajo, determinación y perseverancia, logró devolver a Colombia por el camino de la esperanza y el crecimiento económico.

No se cuál vaya a ser o haya sido el resultado de su indagatoria. Pero por el bien del país, espero que no sea la victoria que tanto llevan fraguando la guerrilla y la izquierda en Colombia. Ojalá la Corte nos devuelva la credibilidad en la Justicia y las Instituciones.

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