Analistas

Río 2016 – Preocupación por el impacto

Ayer empezaron por fin los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro.  Algunos ya perciben las Olimpiadas de Río como un desastre logístico.  Yo me encuentro entre los del “Sí”, aquellos aficionados a la competencia deportiva sana, apasionados a la cultura carioca, que esperaron ansiosos la Ceremonia de Apertura, y que quieren ser participes para construir memorias, y tener la oportunidad de disfrutar de sus encantos, como es poder despertar una madrugada fría cerca a la laguna Rodrigo de Freitas, y explorar sus diversas vías de esparcimiento en comodidad, con sus vistas panorámicas y ver pasar a su gente linda.  Río es una ciudad verdaderamente maravillosa que produce una gran melancolía.   

Los Juegos Olímpicos de este año representan un escenario perfecto donde pueden competir atletas profesionales en el juego en lugar del campo de batalla.  Ese era el sueño de Pierre de Coubertin, fundador de los juegos modernos, bajo una ola de esperanza, de unión y hermandad.

Sin embargo, es desconcertante como el mencionado espectáculo en sus días de captar la atención del mundo, viene precedido de malas sensaciones.  Los Juegos Olímpicos recientes no habían tenido la multitud de problemas que existen actualmente.  La sensación de anfitrión de la Copa Mundial de hace dos años es muy distinta a la de los Juegos Olímpicos.  No hubo rivales serios con Brasil para la Copa Mundial.  Algo diferente ocurrió durante estos juegos donde también compitieron ciudades como Chicago, Madrid y Tokio.  

Es un preámbulo de crisis muy profunda, tanto económica y política.  Brasil pasó de ser una de las economías más competitivas, miembro de los países BRICS, a sufrir su peor recesión en años.  Todo esto dentro de una narrativa de corrupción y desapego por las instituciones y su mal manejo de la agenda pública, ante un proceso de impugnación de la presidenta Dilma Rousseff que seguramente tendrá su voto final con posterioridad a los juegos.  

Esta situación no es lo único que preocupa.  También la falta de compromiso y desempeño entre la clase política.  En un año y medio, Brasil ha tenido cuatro ministros del Deporte.  Adicionalmente, las autoridades locales no han podido llevar a cabo todos los requisitos de infraestructura prometidos, y fuertemente subvencionados como proyectos de concesión vial.   Muchos de estos proyectos no se llevaron a cabo en absoluto.  Dentro de las grandes preocupaciones, se encuentra la febril inmediatez que amenaza a los servicios públicos necesarios ante el encarecimiento para hacer frente a la emergencia del virus de Zika, que indudablemente son requeridos por los ciudadanos y visitantes extranjeros. 

Definitivamente estos van a ser los Juegos Olímpicos en tiempos de crisis, mientras Río continúa con los toques finales, se habla de la gestión de sus dirigentes y desencuentro con su gente, dado que hizo falta simetría en el grado de compromiso mutuo entre el gobierno y sus ciudadanos para disminuir la pobreza.  

Brasil se dedicó a dejar pasar el tiempo. El país anfitrión, con demasiado grandes ambiciones, tendrá que evaluar el retorno y hacer un balance prudente de lo ocurrido, luego de que las cámaras de las grandes cadenas y cobertura de los medios internacionales ya no estén.  Por consecuencia lógica de todo lo anterior, mucho cuidado con los pronósticos favorables.  Es factible, pero difícil.