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Analistas 28/05/2022

Pigmalión y Galatea van a la oficina

Alfonso Aza Jácome
Profesor de Inalde Business School
Analista LR

En la obra ‘Las metamorfosis’, de Ovidio, se relata el mito de Pigmalión, rey de Chipre, quien buscó durante muchísimo tiempo a una mujer con la cual casarse. Sin embargo, Pigmalión era un hombre demasiado idealista y anhelaba la mujer perfecta. Después de mucho tiempo y frustrado en su búsqueda, decidió no casarse y dedicar su tiempo a crear bellas esculturas de mujeres para compensar el vacío. Una de esas esculturas era tan hermosa que Pigmalión se enamoró de ella.

Una noche, el rey soñó que la escultura cobraba vida. Al despertar, se encontró con la diosa Afrodita, quien le dijo: mereces la felicidad, una felicidad que tú mismo has plasmado. Aquí tienes a la reina que has buscado. Ámala y defiéndela del mal. Y así fue como la estatua se convirtió en la reina Galatea, esposa y madre de los hijos de Pigmalión.

En psicología se denomina efecto Pigmalión a la influencia que ejerce la opinión o juicio de un tercero en el rendimiento de una persona. Así como Pigmalión consiguió con su amor que la estatua cobrara vida, de la misma forma, si nos trasladamos al ámbito laboral, el jefe puede influir poderosamente sobre sus colaboradores. Por ejemplo, cuando un empleado recibe la continua aceptación de su jefe, es muy posible que exhiba un alto desempeño en sus funciones y, por tanto, su rendimiento llegue a ser óptimo. Por el contrario, si sus capacidades son siempre cuestionadas por parte de su superior, la indiferencia y desmotivación irán aumentando día a día, disminuyendo la cantidad y calidad del trabajo de esa persona.

En muchos casos el jefe tiene una opinión formada de sus colaboradores y les tratará de acuerdo con esa primera impresión; pero, tal vez, lo más importante es que ese juicio también es percibido por el colaborador que descubre la imagen que tienen de él, incluso, aunque el jefe no se la comunique.

En realidad, lo que sucede es que cuando conocemos a una persona, hacemos una rápida valoración inicial e instantáneamente le ponemos una “etiqueta”. A partir de ahí, comenzamos a formarnos una expectativa sobre sus capacidades y hacemos una estimación sobre su desempeño futuro. Todo este proceso condicionará la manera en la que trataremos a esa persona. Por tanto, inconscientemente, también estaremos determinando su respuesta; pues si es tratado de manera positiva actuará buscando refrendar ese juicio con un comportamiento congruente; pero, si es tratado de manera negativa tarde o temprano aparecerá el rechazo y la resistencia. De esta manera, confirmamos la “profecía autocumplida” sobre esa persona.

Es muy fácil caer en el prejuicio y etiquetar a otros. Sin embargo, cuando es el jefe el que pone etiquetas, el efecto Pigmalión puede condicionar totalmente el rendimiento del equipo para bien o para mal. Por eso, en el ámbito profesional es muy importante confiar en las capacidades de los demás, saber delegar en ellos y crear un clima de confianza mutua.

Por otra parte, también existe el efecto Galatea, pues muchas veces tomamos decisiones porque estamos respondiendo, consciente o inconscientemente, a lo que otros esperan de nosotros y no queremos defraudarles. Puede ser la expectativa del jefe o de la pareja, un amigo o incluso los hijos. Como a Galatea, lo que los demás esperan de nosotros puede llevarnos mucho más allá de lo que podemos imaginar.

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