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¿Integración o proteccionismo?

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América Latina es el subcontinente con mayor cohesión cultural y lingüística del mundo con un territorio equivalente a más de dos veces Europa y con una población de 626 millones de habitantes, casi el doble de Estados Unidos.

Entre los 20 países latinoamericanos existen 33 acuerdos preferenciales de comercio que cubren más del 80% de los productos y dan cuenta de aproximadamente el 85% del valor del comercio interregional. Además, en este momento, 90% de ese comercio se encuentra libre de aranceles, generándose una enorme oportunidad para las industrias de esos países.

América Latina se encuentra a estas alturas en condiciones de poder afrontar la creación de un área de libre comercio que englobe a toda la región. Desde un punto de vista de las relaciones internacionales, la forma más sencilla de alcanzarlo sería por medio de la confluencia de las dos asociaciones comerciales más consolidadas: la Alianza del Pacífico (México, Colombia, Perú y Chile) y Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) que conjuntamente equivalen al 81% del PIB de América Latina y el Caribe.

Además, ante una hipotética guerra comercial internacional que pueda estallar por los recientes desencuentros de Estados Unidos con China y la Unión Europea, un acuerdo comercial latinoamericano mitigaría gran parte de los efectos negativos sobre las exportaciones de los países latinoamericanos.
Al mismo tiempo, surgen amenazas para esa integración regional debido a las nuevas fuerzas proteccionistas de México y Brasil, países que lideran la Alianza del Pacífico y Mercosur respectivamente, que pueden redefinir el panorama comercial de los próximos años en Latinoamérica.

El triunfo de Andrés Manuel López Obrador en las presidenciales mexicanas y su ausencia de la reunión de la Alianza del Pacífico y Mercosur en Puerto Vallarta el pasado 24 de julio deja sin resolver la incógnita sobre cuál será su política frente al libre comercio. Por otra parte, una posible ruptura del pacto comercial con Estados Unidos (NAFTA) podría forzar a México a intentar liderar un proceso de integración con el resto de Latinoamérica y a diversificar sus socios comerciales con otros países como China, Rusia, Sudáfrica o India.

Algo que posiblemente AMLO esté en condiciones de realizar en cuanto asuma la presidencia el 1° de diciembre próximo, pues ese nuevo escenario le ofrece la posibilidad de fortalecer, no sólo los vínculos económicos y comerciales, sino auspiciar un nuevo orden internacional multilateral a espaldas de su poderoso vecino del Norte.

Por otra parte, las elecciones presidenciales de octubre en Brasil serán también un momento concluyente para conocer las perspectivas del proceso de integración comercial latinoamericano. Por el momento, lidera las encuestas Jair Bolsonaro, un candidato populista de derecha, que ya advirtió en uno de sus tweet que de ganar las elecciones de su país “cortará las amarras con Mercosur” y negociará acuerdos bilaterales directos con cada socio comercial al estilo del presidente norteamericano Donald Trump.

Así que, pese a encontrarnos ante una coyuntura favorable para una integración comercial latinoamericana que abarque desde Tijuana a la Tierra del Fuego, la nueva situación en México y los posibles resultados electorales de Brasil pueden hacer inútil esa propuesta de integración y llevar al continente a un modelo apuntalado en acuerdos bilaterales de comercio.

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