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Vientos de paz

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Alberto J. Bernal-León

Ha sido un tema bastante desgastante, pero pareciera ser que por fin estamos llegando a un final relativamente feliz. Pareciera ser que por fin tendremos “vientos de paz” en el conflicto comercial entre China y EE. UU. Esta es una gran noticia para el mundo, y especialmente para el mundo emergente, que había quedado incrustado en la mitad de este fuego cruzado tan maligno.

El jueves en la noche los canales de televisión financieros anunciaron que se había llegado a buen puerto con el famoso arreglo “Fase 1” entre China y Estados Unidos. Según anunció la prensa, el arreglo “Fase Uno” incluirá las siguientes cláusulas: (1) que China se compromete a ser un jugador más responsable en el mundo corporativo, lo que implica que el país hará más esfuerzos para evitar el robo de tecnología, por ejemplo, (2) que China se compromete a comprar una cantidad aún indefinida de productos agropecuarios de EE.UU., (3) que China se compromete a comprar petróleo de EE.UU., y que (4) en el agregado China se compromete a incrementar sus compras en un total de US$200.000 millones. El para cuándo y el cómo continúan siendo indefinidos. Por último, y quizás el punto de más relevancia, ya que los mercados parecieran aún no haber logrado entender cuál será el efecto final de esta medida, China se compromete a dejar que las fuerzas del mercado decidan el valor de su moneda.

Por el lado de EE. UU., Trump aceptó no decretar el cobro de aranceles de importación a la totalidad de los productos importados desde China, y se comprometió a disminuir los aranceles que pagan unos 110.000 millones de productos del 15% al 7,5%. EE. UU. también aceptó revisar (disminuir) los aranceles existentes en forma gradual, y asumiendo que China se adhiere a lo pactado.

Los efectos colaterales de que se esté izando esta “bandera de la paz” en la economía mundial son muy significativos. La disminución de la incertidumbre atada al futuro de las relaciones comerciales de las dos economías más grandes del mundo muy seguramente le va a dar un impulso a la inversión corporativa en nuevas plantas y en tecnologías nuevas, ya que muchos proyectos estaban en el congelador por culpa de la incertidumbre reinante. También es probable que se acelere la velocidad de crecimiento del comercio internacional, hecho que debiese contribuir a que se incrementen los ingresos de la región emergente, pues el precio de los commodities se debería aumentar.

Para Colombia, la firma de este acuerdo comercial implica mayores niveles de tranquilidad cambiaria y apreciación de los activos. ¿Por qué razón? Por la disminución de los niveles de aversión al riesgo y por la posibilidad latente de que el valor del dólar corrija a la baja en los próximos meses. La victoria de los conservadores en las elecciones parlamentarias de Inglaterra también debería ayudar por ese lado. Hace unas semanas les explicaba a mis lectores el por qué de mi visión positiva para con el valor del peso colombiano, y hacia ahínco en la relación que existe entre el USDCOP y el DXY, que es el índice de dólar. Pronostico que gracias a los vientos de paz que estamos viviendo, el Yuan Chino se va a apreciar a $6,7 (desde el $6,98 de hoy), y el DXY se va a depreciar hasta 95 (desde 97 hoy en día) en las próximas semanas. Bajo esas condiciones, según los modelos estadísticos, el valor teórico del peso colombiano vuelve a estar por debajo de $3.000. Veremos.

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