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Las cosas son como son

Hace unos días tuve el placer de compartir podio en Cartagena con el presidente de la Bolsa de Valores Colombia, el doctor Juan Pablo Córdoba. Cómo es costumbre, le regaló a la audiencia una presentación muy seria sobre la realidad económica del país. 

Juan Pablo hizo hincapié en una serie de factores de alta importancia para el futuro, entre ellos la disminución del crecimiento económico y las dificultades externas y fiscales que el país ha experimentado recientemente.

Presentó un ejercicio en el cual trataba de estimar cuál sería el esfuerzo necesario que tendría que hacer el aparato productivo exportador colombiano para suplir el déficit en las exportaciones totales atado a la caída de las exportaciones petroleras –bajo el supuesto de no tener que “colapsar” las importaciones para compensar la caída del ingreso nacional. Mejor dicho, Juan Pablo hizo un ejercicio tratando de estimar lo que tendríamos que lograr los colombianos por el lado exportador para no tener que “aceptar” que ya no podemos comprarle al mundo lo mismo que le comprábamos hace apenas un par de años.

La conclusión de él fue la siguiente: si la idea es poder recobrar lo perdido en exportaciones de petróleo, las exportaciones de carbón se tendrán que incrementar un 350% ya mismo, las de café en un 550%, las de ferroníquel en un 29.000%, las de flores en un 10.500%, las de oro en un 12.000% y las de textiles y manufacturas en un 16.500%. Creo innecesario reiterarle al lector lo titánico que es el reto que tiene el país por delante. Es obvio que lograr esos crecimientos en las exportaciones del país a los que se refiere Juan Pablo en el corto plazo es una imposibilidad. Pero ese NO es el punto. El punto es que el tiempo es limitado, y Colombia tiene que “ponerse las pilas” ya mismo para lograr diversificar sus fuentes de ingreso de divisas en el corto plazo.

Y acá es donde entra la necesidad de aprobar una reforma tributaria estructural en el cortísimo plazo. La reforma tributaria estructural no es solamente relevante por el lado fiscal. Según Juan Pablo, y yo comparto plenamente su opinión, Colombia necesita cambiar la legislación tributaria para de esa forma poder incrementar su nivel de competitividad. Según el Banco Mundial, Colombia está de número 54 en el mundo (entre 189 países) en el ranking de la facilidad para hacer negocios. Colombia puntea a nivel mundial en, por ejemplo, la facilidad que tienen las compañías para recibir crédito, donde nuestro país está de número 2 a nivel mundial.

Sin embargo, Colombia está de número 180 entre 189 en el capítulo de hacer respetar los contratos, con un promedio de 1.288 días hábiles necesarios para lograr una resolución judicial en una disputa de contratos. También estamos muy mal en el capítulo de impuestos (número 136 en el mundo entre 189 países). El principal problema tributario que tiene Colombia es que el pago de impuestos corporativos versus utilidad de las empresas está en un absurdo 69,7%. Para comparar, esa tasa en Singapur, el país más competitivo del mundo, es de solo un 18,4%.

Acá la cosa es sencilla. O Colombia baja los impuestos corporativos y sube los impuestos al consumo, o nos vamos a quedar sin empleos. No soy político, ni deseo serlo, por eso se lo digo así de clarito. Si a usted le interesa el futuro de su país, usted tiene que apoyar la aprobación de una reforma tributaria estructural. Mejor dicho, tiene que apoyar la idea de cobrarle más IVA a la población.