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El Mundo, según The Economist

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Hace un par de días tuve la muy grata oportunidad de atender en Holanda una conferencia de John Micklethwait, editor en jefe de la revista The Economist, en mi opinión el semanario de mayor calidad en el mundo. Llevo suscrito a The Economist ya más de 18 años, y creo que lo más probable es que continuaré suscrito hasta que Dios me tenga en este mundo. La semana pasada entendí muy bien por qué razón esta revista se ha mantenido en la cúspide del mundo, aún en estos momentos de incertidumbre que vive la industria de la prensa escrita. La conferencia del del Dr. Micklethwait se enfocó en el estado actual de la economía mundial. Le resumió a la audiencia su visión del mundo actual con una frase fascinante: “Soy ‘paranoicamente’ optimista sobre el futuro del orden económico mundial”. Confieso que nunca había oído una mejor descripción sobre una coyuntura. 

El lector se preguntará el por qué del “optimismo paranoico” de Micklethwait. La respuesta es obviamente bastante amplia, pero entre otros factores, presentó los siguientes puntos: (1) La convergencia del ingreso mundial no tiene reversa. Concuerdo completamente con lo dicho por John, entre otras cosas porque la base fundamental de la economía de mercados, el respaldo moral de este sistema humano, es el de poder esperar que eventualmente, después de muchos obstáculos, el ingreso mundial se ecualice y la pobreza desaparezca. Según el editor de The Economist, la evidencia sí muestra que el mundo va en la dirección correcta, especialmente si uno se enfoca en las dinámicas positivas que se han visto recientemente en África, y ya por varias décadas en Asia emergente. 

(2) Los riesgos geopolíticos están sobreestimados. Según John, la preocupación de los líderes de occidente con el riesgo de que algún maniático decida inmolarse en el metro 6 de Nueva York, llevándose consigo a miles de personas en el acto, está siendo sobredimensionada. La visión del Micklethwait se radica en el hecho de que hoy en día existe mucha más tecnología y mucha más capacidad de controlar a estos grupos de psicópatas, comparado con la coyuntura que existía el 11 de septiembre del 2001. Confieso que me llamó mucho la atención la visión de The Economist al respecto, pues personalmente sigo pensando que el riesgo de terrorismo es hoy en día el mayor que tienen en frente los mercados, aún más alto que el riesgo de un brote inflacionario mundial. Pero igual reconfortó oír la visión relativamente benévola de The Economist. 

(3) Por primera vez en muchas décadas, pareciera ser que Europa ha logrado entender que a menos de que se aprueben reformas estructurales de amplio cabotaje, la región no va a tener la capacidad de recobrar el terreno perdido. Según Micklethwait, que la “fuerza renovadora” haya ahora tomado las riendas de los Ministerios de Economía de Francia e Italia augura buenas noticias para el futuro de la zona euro (pues ahora al menos hay espacio para esperar que se aprueben aunque sea algunas reformas de “oferta” en estas dos economías). Es más, según la línea editorial el riesgo de la desaparición de la moneda única hoy ha sucumbido hasta niveles muy cercanos al 0%. Concuerdo con esa visión no fatalista sobre el Euro, así como lo he hecho desde que comenzó la crisis europea en 2010.  (4) Entre los eventos que le van a presentar al mundo un híbrido entre oportunidad y riesgo en el futuro está la aceleración del proceso de revolución de las telecomunicaciones y, por consiguiente, el sector de servicios del mundo desarrollado. John no nombró esta estadística en su presentación, pero la encontré en una lectura subsecuente: según un estudio de la Universidad de Oxford, durante los próximos 20 años, 47% de los empleos que hoy en día emplean a gente en el mundo desarrollado van a haber desaparecido. 

Esto no es nada diferente a la continuación del proceso de destrucción creativa que ha afectado al mundo desde hace ya varios siglos, pero con una adenda: en esta ocasión el proceso está ocurriendo mucho más rápido. Este hecho inequívoco, según la línea editorial de The Economist, va a generar inmensas oportunidades para algunos, pero también inmensos retos para el manejo de la política pública. Efectivamente. 

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