Analistas

Donald Trump, el traicionero

El 9 de noviembre del año pasado conversaba con Érika Fontalvo, Darío Arizmendi y con Luis Carlos Vélez en 6AM Caracol sobre la increíble noticia de la victoria del hoy presidente Trump. En esa entrevista, en medio de mi asombro por la victoria de Trump, argumentaba que solo había dos opciones a futuro. La primera opción, que tuviéramos un periodo presidencial en el cual Trump gobernaba como “candidato”; o la segunda opción, que tuviéramos cuatro años en los cuales viéramos a un Trump “estadista”, donde el “candidato” Trump se convertía en el “presidente” Trump y de esa forma en 2020, cuando miráramos hacia atrás, muy seguramente ponderaríamos su presidencia.

Como todo en la vida, pareciera ser que nuevamente estamos evidenciando un “justo medio”. En la entrevista con Caracol de noviembre pasado argumentaba que el mayor riesgo para la economía mundial era la posible decisión de Trump de nombrar a China como país “manipulador” de su moneda, hecho que, sin duda alguna, hubiera implicado el inicio de una guerra de comercio internacional. Valga decir que una de las principales promesas de Trump durante su campaña fue la de nombrar a China como país manipulador de su moneda desde el primer día de su mandato. Por lo menos hasta este momento, Trump no ha cumplido, gracias a Dios. Como quizás algunos lectores sabrán, la génesis de la gran depresión de la economía mundial en 1930 fue el inicio de una mega guerra de comercio, una que comenzó por culpa de la decisión del gobierno de EE.UU. de imponer tarifas prohibitivas a las importaciones.

Pero, como decía antes, estamos en un “justo medio”. Es deprimente ver como la administración Trump decidió renunciar al TPP, la famosa Alianza Transpacífico de Comercio. La historia demostrará que esta ha sido una de las peores decisiones de geopolítica que ha tomado EE.UU. en su historia. El TPP era la carta de EE.UU. para contrarrestar la influencia de China en Asia emergente. Dan ganas de llorar darse cuenta que Trump nunca logró entender la relevancia geopolítica de esa negociación. Es más, en mi último viaje a Beijing, un politólogo local me decía, entre asombro y burla, que jamás él se hubiera imaginado que EE.UU. le iba a entregar su influencia regional a China sin tener la necesidad de disparar un solo misil. Concuerdo.

También es un hecho innegable que la administración Trump ha sido una pésima noticia para la percepción de la libertad de prensa y la separación de poderes. Está por verse si CNN y las otras cadenas anti-Trump van a lograr sobrevivir estos cuatro años. También está por verse si el sistema judicial de EE.UU. aguantará el ataque sin cuartel que se le viene. También está por verse cuáles serán las consecuencias para la sociedad del aparente delirio del que sufre el presidente Trump.

Me refiero, por ejemplo, al trino que envió el presidente Trump el sábado hace dos semanas a eso de las 6:00 a.m. hora Nueva York, donde argumentaba que “le acababan de contar” que Obama había ordenado personalmente interceptar su teléfono. Solo un amigo imaginario le pudo haber contado eso a Trump un sábado a esas horas de la mañana. Para mí es un hecho que Trump es un mentiroso compulsivo.

Muchas veces pienso en las maravillas para la economía que hubiera podido lograr un republicano lógico como Romney con la ayuda de un Congreso Republicano. Pero bueno, por lo pronto démonos por bien servidos de saber que Trump está traicionando, por lo menos hasta ahora, a sus votantes proteccionistas. Ojalá los siga traicionando. Pueda ser.