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Dejemos de dormir con el enemigo

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Muchos colombianos le hicimos mucha campaña al presidente Juan Manuel Santos en el 2010, porque el candidato Santos logró convencer a muchos de los votantes que él iba a seguir implementando a rajatabla los lineamientos de política que había evolucionado con gran éxito Uribe durante sus dos períodos presidenciales. Entre esos lineamientos básicos estaba la muy acertada decisión que tomó la administración Uribe de NO ignorar el hecho que el gobierno de Hugo Chávez protegía y apoyaba a los genocidas de las Farc (con refugio dentro de Venezuela y con dinero para poder implementar la “revolución”).

La decisión del presidente Santos de cambiar de rumbo radicalmente apenas días después de haber ganado la elección bajo las banderas del Uribismo, decisión que se conoció en el momento en el cual el presidente de Colombia decide llamar al auxiliador del terrorismo, Hugo Chávez, como “su nuevo mejor amigo”, destruyó, sin duda alguna, los fuertes lazos que existían entre el Uribismo y el Santismo. La razón es sencilla. Para algunos de nosotros los mortales, el pragmatismo debe tener límites, y uno de esos límites tiene que ser la incapacidad de aceptar compartir “el lecho” con el enemigo. 

La gente que piensa como yo, “radicales” según algunos compatriotas, no cree en la bondad de gente como Hugo Chávez o Nicolás Maduro. Chávez y Maduro no son unas buenas personas. Lo que son esos personajes es fanáticos cuyo motor en la vida es el resentimiento y la sed de venganza versus todo lo que suene a emprendimiento, capital y bienestar material. Maduro y Chávez nunca fueron ni serán amigos de Colombia, por lo menos hasta el momento que la izquierda radical se tome el poder en el país. El objetivo de Maduro y de Chávez es el de despojar a las clases privilegiadas de su capital, no para que el pueblo viva mejor, sino para asegurarse que las clases privilegiadas vivan muy mal. Lo pongo más crudo aún: el objetivo del Socialismo del Siglo 21 no es acabar con la pobreza, el objetivo es destruir con “los ricos”, para de esa forma lograr que la sociedad sea totalmente igualitaria. Que se logre esa igualdad en la extrema pobreza es irrelevante para personajes como Maduro. Lo importante es que todo el mundo esté igual de jodido. 

Considero que darle espacio de acción e influencia a la dictadura comunista de Venezuela en las decisiones de nación de Colombia siempre ha sido, y siempre será, un error garrafal. El gobierno bolivariano de Venezuela no quiere la paz para Colombia. El gobierno chavista de Venezuela lo único que quiere es asegurarse que Colombia se aleje del mundo desarrollado de una vez por todas. El sueño de Maduro y compañía es que Colombia en un futuro le de más importancia a tesis patéticas como la del “etnocacerismo” en vez de seguir enfocados en el “cómo” lograr la conquista de los mercados de Asia emergente. Maduro lo que quiere es que Colombia se vuelva un lugar en donde implementar “la política del Amort” sea más importante que lograr la membresía de Colombia en la Oecd.

Maduro y compañía, fieles discípulos del “Che” Guevara, los hermanos Castro, y de Hugo Chávez, lo que quieren es acabar con Colombia. El de acá a cuando se nos vino a ocurrir invitar a estos personajes a participar como “garantes de la paz” de Colombia es un enigma sin respuesta. Como dice el presidente Álvaro Uribe, ojalá el gobierno Santos enmiende los lineamientos de la actual política internacional. No se trata de declararle la guerra al chavismo, se trata es de dejar de dormir con el enemigo. 

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