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Arigatou Gozaimasu, Japón

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En Noviembre del 2008 la Reserva Federal de EE.UU., bajo el tutelaje de, en mi opinión, el mejor banquero central de la historia del mundo, Ben Bernanke, decidió iniciar la compra de títulos hipotecarios por un valor de US$600.000 millones, con el interés de generar una apreciación importante de los títulos hipotecarios de la economía. La razón detrás de la decisión siempre fue clara: generar un exceso de demanda de estos títulos, para fomentar la oferta de nuevas titularizaciones hipotecarias, las que obviamente estarían ligadas a la creación de nuevas hipotecas. Mejor dicho, la Reserva Federal decidió comprar activos atados al sector de construcción, para generar mayores niveles de oferta en el sector edificador, efecto que implica mayor generación de empleo dentro de la sociedad. 

 
Desde noviembre de 2008, la Reserva Federal ha sincronizado su estrategia de compra de activos en varias ocasiones, con la intención de “nutrir,” lo más posible, la reactivación de la economía de EE.UU. Esta sincronización de la política monetaria ha implicado que la Reserva Federal ha acelerado o disminuido la velocidad e intensidad de la compra de activos financieros, dependiendo del estado de las variables macroeconómicas. A pesar de que las críticas no se han dejado esperar, pues muchos economistas simplemente no comulgan con la teoría del intervencionismo monetario, en mi opinión la Reserva Federal merece todos los elogios por el trabajo hecho desde el génesis de la crisis de 2008. De no haber sido por la tenacidad de Bernanke y compañía, otro sería el cantar de la economía mundial en este momento.  
 
También estoy completamente convencido de que si no hubiera sido por la gestión de Ben Bernanke, quien es, para ponerlo coloquialmente, el “hermano mayor” de la familia que le “abrió” las puertas a los hermanos menores, para que éstos pudieran quedarse en la fiesta hasta más tarde, Japón no hubiera tenido la “capacidad política” para implementar su propio proyecto de relajamiento monetario cuantitativo y cualitativo. Porque valga decirlo, el programa de relajamiento cuantitativo que anunció el primer ministro Abe hace unos meses es tres veces más agresivo, en términos relativos, que el programa que implementó la Reserva Federal de Ben Bernanke. 
 
El plan que está implementando la administración Abe, la ahora famosa estrategia de las “tres flechas,” es una muy buena noticia para el mundo económico. Como sabrá el lector, la economía de Japón es la quinta economía del mundo en términos de paridad de compra (purchasing power parity), y a valor de mercado su economía es de US$6,000 millardos, mejor dicho, 39% del tamaño de la economía de EE.UU., la cual sigue siendo la mayor economía del mundo. 
 
Una parte de la estrategia de Japón es la de desregular la economía, para hacerle la vida más fácil a los industriales de ese país. La segunda parte de la estrategia es fiscal, e implica la implementación de una serie de políticas fiscales que disminuirían el peso de la deuda pública en el largo plazo, pero que abrirían espacio en el corto plazo para incrementar el gasto en infraestructura y para bajarle los impuestos a las empresas. Y la tercera “flecha” es la estrategia monetaria, la que implica, entre otras cosas, que la base monetaria de Japón se doblará en los próximos dos años. 
 
Mi conclusión: si la economía de Japón comienza a crecer más fuertemente, el PIB mundial crecerá mucho más rápido, y ese en un hecho de inmensa relevancia para la economía mundial. Como dijo la semana pasada el primer ministro Abe, “ya es hora de que la economía de Japón vuelva a ser el motor del crecimiento mundial.”
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