Miércoles, 27 de Agosto DE 2014
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Vie, 07/13/2012 - 01

Vivienda, economía y política

Roberto Junguito

La construcción de vivienda como prioridad de la acción estatal ha estado respaldada tanto por motivaciones de tipo económico como político. Misael Pastrana (1970-1974) estableció la vivienda urbana por recomendación de Lauchlin Currie, antiguo profesor de Harvard y ex asesor del Presidente Roosvelt, como la principal de Las Cuatro Estrategias de su Plan de Desarrollo. Se argumentaba que con ello se imprimía un impulso a la economía, dadas las interrelaciones  (linkages) de la construcción con el resto de los sectores. Para lograr este objetivo se diseñó el mecanismo de  Ahorro en Valor Constate, Upac, por medio del cual se canalizaban captaciones de corto plazo para extender préstamos hipotecarios de quince años. Pero también, esta estrategia tenía un propósito político y era diferenciar su Administración de la de su antecesor, Lleras Restrepo, quien había adoptado la redistribución de tierras mediante la reforma agraria como bandera de su Gobierno.

La vivienda volvió a ser centro de atención durante la Administración Betancur. En la campaña electoral frente a Alfonso López Michelsen, Belisario propuso un programa para construir cuatrocientas mil viviendas sin cuota inicial para los hogares de bajos ingresos, iniciativa que recibió críticas inmediatas de su contendor, quien consideraba ésta una propuesta populista de imposible ejecución, debido a las restricciones financieras que enfrentaba entonces la Nación. Belisario respondió "sí se puede", frase que se constituyó en su slogan ganador de la Presidencia. En esa ocasión la propuesta de construir viviendas tenía un claro trasfondo político, que tuvo altos costos fiscales, cuando la prioridad era el ajuste macroeconómico convenido en el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

El esquema de financiamiento de hipotecas establecido desde 1970, respaldado con los recursos captados por las Corporaciones de Ahorro y Vivienda, creó un ciclo creciente de construcción que generó una sobreoferta, lo que hoy en día se denominaría una "burbuja" hipotecaria, durante las administraciones Gaviria y Samper que finamente estalló a inicios del Gobierno de Andrés Pastrana. La crisis se manifestó en el momento en que los deudores de los préstamos de vivienda no pudieron atender sus obligaciones crediticias por los incrementos en los costos de los intereses. Esta "burbuja" hipotecaria exigió la reforma al sistema de corrección monetaria introducido en 1970 y provocó un período depresivo en la actividad de construcción de vivienda, que se prolongó inclusive hasta la Administración Uribe Vélez, no obstante los estímulos fiscales introducidos tanto para el ahorro en las cuentas AFC como en las tasas de interés de los créditos hipotecarios.

Lo que se pretende resaltar con este recuento es que bajo la Administración Santos la experiencia histórica parece repetirse. La construcción de vivienda, como en 1970, ha vuelto a proponerse como sector líder o locomotora de la economía en el Plan de Desarrollo. Igualmente, como ocurrió en los ochentas bajo la Administración Betancur, la vivienda ha adquirido un propósito político a la luz de la reciente ley aprobada en el Congreso, dirigida a estimular un programa de construcción de cien mil viviendas sin costo alguno, para entregar a los más pobres de nuestra sociedad. Lo más destacable y curioso es que el Presidente Santos, al igual que lo que había hecho en su momento Belisario, procedió a nombrar a uno de sus funcionarios de mayor respaldo y autonomía política para dirigir el programa. El actual Ministro de Vivienda, Germán Vargas, fue antiguo jefe de Cambio Radical e ingresó al Gobierno como parte de la coalición, en tanto que en esa época hizo lo propio al frente del Instituto de Crédito Territorial, María Eugenia Rojas, cabeza visible de la Anapo. Las lecciones aprendidas están a la vista.