Opinión
¿Trino-vela?

Que entre ellos se digan lo que quieran: halagos, ofensas, acusaciones o todas ellas! Tienen las posibilidades y también, aunque mal visto, el legítimo derecho. Lo que no es sano, es consentir que los asuntos nacionales, con su poca o gran trascendencia, sean convertidos por mandatarios y medios de comunicación tradicionales en una "twitter-novela". Hace unos días, frente a graves e inquietantes hechos, fuimos sometidos los ciudadanos a un espectáculo tele-novelesco: a las inmediatas e inadecuadas declaraciones de unos y otros por la acción de los violentos, se sumó la exaltación de los "medios".
Horas de conmoción se nos han convertido en días de desasosiego. Las inesperadas reacciones mediáticas de nuestros dirigentes, producto del arrebato y de la impaciencia, contrario a tranquilizarnos, consiguieron inquietarnos. Entre el miedo y el desconcierto, los colombianos recibimos una tormenta de información candente ¡Quedamos entre dos fuegos!
La polarización de la sociedad es solo uno de los efectos de las apasionadas recriminaciones entre mandatarios y opositores. A tan peligrosa e inconveniente repercusión, que además aprovecharán terceros, se le suma la de recorrer el tortuoso camino que tiene por delante el país por los senderos de la superficialidad. Minimizar con mensajes de pocas palabras los temas de discusión nacional tiene profundos efectos y sus consecuencias se pagan con un alto precio. En todo momento, pero más en tiempos difíciles, los ciudadanos reclaman ser gobernados por líderes capaces de vencer los instantes de presión y emoción para convertirlos en actos provenientes de la calma y de la reflexión.
El debate público es inherente a las sociedades democráticas. Las disputas políticas por supuesto no pueden sernos extrañas, pero ante todo deben estar enmarcadas dentro de la mesura, la compostura y el respeto. Rogamos sensatez a todos aquellos privilegiados que tienen la capacidad de influir en el pensamiento y el sentimiento de muchos. En una Colombia sobresaltada y desorientada, avivar el arrebatamiento de nuestros líderes por eventos inesperados puede llevarnos a engrosar la ya enorme lista de ingredientes que hacen de nuestro país uno de los más violentos.
El uso de la tecnología impone a líderes y gobernantes nuevos retos y responsabilidades. Nunca como ahora se facilitó la conversación directa y ligera entre dirigentes y la gente del común, sin la mediación de terceros. Las redes sociales han cambiado para siempre el mundo de la comunicación y del entretenimiento. Muchos han encontrado en "twitter" el medio perfecto para compartir ideas, opiniones, sentimientos y así como también para estar al tanto de los últimos acontecimientos. Sin embargo, el ejercicio y liderazgo político de mandatarios y exmandatarios exige otro comportamiento, no debe transcurrir entre "trinos" y medios de comunicación cual si se tratara de un juego.
La pública, acalorada y mediática relación entre nuestros dirigentes no dejó para el país nada bueno, solo confusión y descontento. La inoportunidad y la escasa reflexión de unos y otros nos han dejado perplejos.
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