Martes, 30 de Septiembre DE 2014
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Jue, 09/13/2012 - 01

El exportador colombiano de la felicidad

Stephen Keppel

“Quiero que Colombia sea conocida como un país exportador de la felicidad…más que como un exportador de drogas”, fue lo que Mario Chamorro, director de la Fundación Make it Happy (Hazlo Feliz), me dijo en una reciente conversación telefónica. Esto puede sonar improbable pero también lo es la historia de Mario Chamorro.

El emprendedor social se ha convertido en la última palabra de moda, pero Mario representa este concepto en toda su expresión. Él y su equipo están en una misión para generar un cambio positivo social mediante la difusión de la felicidad.

Nacido en Pasto (al lado del volcán Galeras, le gusta añadir), Mario se trasladó a Bogotá  en 1997 para estudiar y eventualmente terminó trabajando en iniciativas sociales para la administración de Uribe. Sin embargo, tenía grandes sueños y en el 2004 se fue a vivir a los EE.UU. donde aprendió inglés, mientras se sostenía parqueando carros y sirviendo mesas en Boston. Su gran pasión por la vida y el aprendizaje lo llevó a la Escuela de Asuntos Públicos e Internacionales de la Universidad de Columbia en  Nueva York. Inicialmente nos conocimos cuando coordinaba eventos sociales como presidente de la asociación de estudiantes. Era evidente entonces que él tenía un don para unir a las personas y hacerlas felices, pero tendrían que pasar algunos años para que se dedicara tiempo completo a este esfuerzo.

Después de graduarse del master de Columbia, Mario trabajó en los sectores de energía, finanzas y salud. Era bueno en todo lo que hacía, pero nada parecía hacer del todo clic. Durante la crisis financiera perdió su trabajo,   terminó con su novia, y un par de años más tarde fue diagnosticado con cáncer. Estos acontecimientos le llevaron a reflexionar sobre la única pregunta que lo llevó a su gran idea. ¿Qué te hace feliz? Descubrió que no podía responder a la pregunta sin sonreír.

Uno de los primeros proyectos de Mario se centró en pedir a la gente dibujar o escribir algo que los hiciera felices en una nota adhesiva. “El Proyecto Happy Post” comenzó como una forma divertida de conocer gente en un bar, pero pronto se extendió a las calles y galerías de arte de Boston y luego a Tokio, Times Square y conferencias TED.

Mario me dijo que él aprendió rápidamente que “uno, la felicidad es contagiosa, dos, la felicidad empodera a las personas y tres, la felicidad genera un cambio social.” Mario se estaba acercando a una nueva idea.

En enero recibió financiación y espacio de oficinas de un patrocinador en Nueva York. En agosto fue invitado a Colombia para presentar el Proyecto Happy Post a sitios como Ciudad Bolívar en Bogotá, Santiago de Cali y Santander de Quilichao en Cauca, entre otros. La reacción lo sorprendió.

Inspirado por todos los mensajes de felicidad recolectados por el equipo de Happy Post, el Alcalde de Cali firmó un “pacto de felicidad” comprometiendo oficialmente a la ciudad a medir y monitorear la felicidad de sus ciudadanos. El presidente Santos mencionó el trabajo de Mario en un discurso y lo invitó a la Casa de Nariño. El happy post de Santos decía: “una Colombia más pacífica y justa”.

Mario, quien actualmente esta libre del cáncer, dice que “Claramente fue un momento muy especial porque estábamos pasando de concientizar a acciones concretas que despierten el cambio social”.

Como cualquier buen innovador Mario está aprovechando su éxito inicial para desarrollar otras iniciativas. Recientemente creó la Fundación Make It Happy, una organización sin ánimo de lucro cuyo objetivo es despertar un movimiento social para difundir la felicidad. La fundación está creando un “laboratorio de la felicidad” para promover el estudio de la felicidad y apoyar una red de innovadores sociales. Una operación de consultoría diseñada para ayudar a los gobiernos y empresas a aprender más acerca de lo que hace feliz a las personas también está en producción.

Mario sigue soñando en grande. Él quiere usar la felicidad como un recurso para promover el proceso de paz en Colombia y más allá. “Si nuestro proyecto funciona en Colombia se puede replicar en países como Uganda, Palestina o Afganistán,“ me dijo.

Mario en sí mismo ya representa la exportación de la felicidad colombiana. Comenzó en Pasto como materia prima antes de seguir adelante y agregar valor en Bogotá, Boston y Nueva York. A medida que avanza en la cadena de valor, está creando felicidad, tanto para Colombia como para el resto del mundo.