Lunes, 29 de Mayo DE 2017
Dejen gobernar a Peñalosa
Jueves , Mayo 18, 2017

Era prácticamente imposible reparar la Capital colombiana en solo 12 meses luego del desastre que dejaron en Bogotá los 12 años de mal gobierno de administraciones populistas ligadas a la izquierda. El desgreño administrativo y financiero de Lucho, Samuel y Petro, fue tal que los problemas se acumularon, uno tras otro, sin que nadie se atreviera a organizar la casa desde adentro; un hogar para casi diez millones de personas que carecen del sentido de pertenencia que aflora en otras partes y con un presupuesto aparentemente abultado de casi $17 billones, que poco alcanzan para las necesidades de inversión en obras sociales, de infraestructura y sobre todo para un sistema de movilidad que sea respetuoso con el ser humano y una verdadera alternativa de transporte ante la escasez de vías, la avalancha de carros y la epidemia de motocicletas sin reglas ni controles.

A nuestro juicio Enrique Peñalosa ya despegó y en términos de clásico institucionalismo, hay que apoyarlo para que encarrile a Bogotá en la solución de problemas crónicos, como la inseguridad, la movilidad, la salud y la competitividad para que el empleo formal se imponga sobre la creciente informalidad. Ya hay obras en diseño y ejecución -totalmente financiadas  incluyendo el necesario metro- por valor de US$15.000 millones, el equivale a tres veces la sonada ampliación del Canal de Panamá, que fue hasta hace un par de años la obra de infraestructura más costosa de América Latina. Es un hecho elocuente que Bogotá está recuperando su liderazgo como principal motor de la economía nacional, no podemos olvidar que de cada $100 que produce el país, $25 se generan en la Capital, en donde el sector servicios es la piedra angular de su gran economía.

La campaña a favor de la revocatoria ha estado llena de desinformación, mentiras políticas, trampas a la ley y ha sido el trampolín de campañas electorales de líderes de la izquierda que tiene sus cuarteles en la Capital. Ojalá la nueva política que necesita el país se fundamente en las propuestas sociales, económicas y ambientales enfocadas a seducir electores, no en posverdades que intentan capturar a públicos necesitados de palabras efectivistas. Sabemos que varias medidas de Peñalosa son impopulares como reajustar el precio del tiquete en Transmilenio; el cobro de valorización; vender las acciones que el Distrito tiene en la ETB, y recortar subsidios injustificados, entre otras acciones que han justificado desde la administración para avanzar en su plan de gobierno; son propuestas realistas necesarias y convenientes en la mayoría de los casos y para lo cual los habitantes de Bogotá deben estar bien informadas. Ahora bien, es cierto que Peñalosa debe comunicar mejor, ser menos arrogante, consultar más a la gente, dialogar con el Concejo de Bogotá y rodearse de profesionales con liderazgo, pero nadie puede dudar de que es un alcalde visionario y ejecutor. La revocatoria provocaría una crisis política y económica que agravaría la ya precaria situación nacional, todo bajo el lema silencioso “que el caos nunca muera”, un escenario inconveniente e irresponsable. No se puede revocar al Alcalde Mayor bajo el argumento de que está incumpliendo su programa de gobierno (que es lo previsto en la ley de revocatoria) porque  lo está desarrollando a marchas forzadas y se convertiría en una jurisprudencia nefasta de revanchismo de los candidatos perdedores. Ya es hora de que los institucionalistas manifestemos con claridad y contundencia nuestra posición y no nos dejemos llevar por las medias tintas.

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