Viernes, 20 de Enero DE 2017
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Mié, 01/11/2017 (Todo el día)
Eduardo Verano de la Rosa

2016: la paz y la democracia pluralista

Un balance equilibrado de lo que el año 2016 significó para la vida política colombiana lo podemos resumir como el tiempo en el que se desbroza el camino hacia la paz y a una democracia pluralista en el marco de un Estado Constitucional de Derecho. 

Hago uso del verbo desbrozar porque significa la conducta de eliminar los obstáculos o impedimentos que dificultan la obtención de un resultado. 

La política del Estado en el territorio de nuestra Nación en 2016 no ha sido, ni es, la obtención de la paz y la democracia pluralista, no obstante, lo que se ha hecho es importante: desbrozar parte de una dificultad para construir un Estado Constitucional de Derecho, que es el objetivo.   

En este norte (desbrozar el camino hacia la paz y la democracia pluralista dentro de un Estado Constitucional de Derecho) es que debemos interpretar el significado positivo de lo que ha sido el desmonte de una estructura político-militar como las Farc mediante la suscripción de un imperfecto acuerdo de paz que, por más imperfecto que sea, baja la intensidad de la violencia en el país y recuperará un grupo significativo de colombianos para la democracia.

No se ha obtenido la paz ni se ha construido una democracia pluralista, menos se ha edificado el Estado Constitucional de Derecho que necesitamos, tampoco se ha desbrozado integralmente el camino hacia a la paz y la democracia. De hecho, hay grupos armados que negocian su desmovilización y aspiran a su reincorporación a la vida civil y es indispensable lograr, en forma razonable, su desmovilización y legitimar el acuerdo.

No obstante, la dificultad mayor que tiene la construcción de la paz y la democracia pluralista en un Estado Constitucional de Derecho es la existencia de una fragmentación política de la nación y una seria debilidad en materia de legitimación del Estado, fruto de una institucionalidad que no está configurada para sociedades democráticas. Esta realidad política y la debilidad de las instituciones demanda un rediseño inmediato.

Lejos estamos de la paz, lejos estamos de una democracia pluralista y de un Estado Constitucional de Derecho. Y mucho más lejos estaremos de este último objetivo, necesario para nuestra sociedad, si no nos ponemos a deliberar sobre esta materia, ya. 

La necesidad de apelar a un mecanismo constitucional como el ‘fast track’ prueba, en forma notoria, que nuestro diseño constitucional no es el perfecto para la paz. Tener que modificar el marco constitucional para validar el acuerdo confirma la debilidad de nuestra Carta Política.  

La validación de este acuerdo de paz  -que debería contar con el respaldo de toda o la mayoría de la sociedad civil, y no lo obtuvo, ni lo tiene- condujo a su validación mediante el ‘fast track’, en momentos en que se requiere de cartas políticas rígidas, trae aparejada la idea de que nuestra Constitución Nacional no es más que una ley cualquiera y no un pacto del constituyente primario. Esto hace débil, aún más, nuestra democracia y dificulta una paz duradera y la convivencia democrática en el país.

He apoyado y apoyo el proceso de paz. Ni más faltaba. Sin embargo, no podemos pasar la página de una realidad: las instituciones no responden a la diversidad y pluralismo de nuestra sociedad. Se olvida que la Región Caribe, en forma aplastante votó por transformarse en una región autónoma que se enmarque en una democracia pluralista dentro de un Estado Constitucional de Derecho. La Región Caribe tiene legitimidad política para que su aspiración sea realizada en un pacto constituyente o en el ‘fast track’.

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